Los otros frutos de la creación

Los otros frutos de la creación

Jun 24, 2019 / 40 segs

Por: Redacción Q'hubo

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Siendo adolescentes, los hermanos Gustavo e Ignacio Llano, empezaron a fabricar maní confitado para ayudar a la economía familiar. 40 años después, el emprendimiento artesanal se transformó en Manitoba, una de las marcas más apetecidas de la región.

Las grandes ideas surgen de cosas pequeñas. Ésta, por ejemplo, es la historia de Manitoba, una gran idea surgida hace 40 años a partir de un maní.

Todo comenzó cuando a mediados de los 70, durante unas vacaciones en su casa de Bitaco (corregimiento de La Cumbre, Valle) los hermanos Gustavo e Ignacio Llano, descubrieron la fórmula secreta con que una vecina suiza preparaba maní confitado en su fogón.

El aroma de aquel dulce manjar fue la respuesta a su necesidad de buscar recursos para ayudar a la familia, conformada por nueve hermanos y una madre viuda. Y así, entre todos, comenzaron a replicar la fórmula en la cocina de su casa, y a empacarla artesanalmente dentro de bolsas plásticas selladas a punta de vela y cuchillo, que Gustavo e Ignacio llevaban a vender al colegio. En poco tiempo lo que lograron fue tan poderoso, que  la clientela se extendió a otros instituciones educativas. Incluso, universidades y hasta, a las discotecas en Cali.

Fue entonces cuando los dos muchachos entendieron la oportunidad de negocio y en 1985 crearon Manitoba. El nombre, sin embargo, fue casi un asunto del azar: nació de la mano del empresario Alberto José Carvajal Lourido, quien un día, mientras daba vueltas a un globo terráqueo, señaló un lago ubicado en Canadá, que con ese nombre, significaba ‘el gran espíritu’ en lengua aborigen. Un nombre que no solo tenía acierto sonoro, sino que resultó premonitorio.

Posteriormente, una agencia publicitaria creó la imagen de dos granos de maní, con aire de descomplique aventurero, y dispuestos a recorrer el mundo bajo la sombra de una nube naranja que con el tiempo tomó la forma de cacahuate. Los granos de maní, por supuesto, representan a Ignacio y Gustavo, dueños justamente de ese espíritu que ha sido sello de la marca desde su creación.

A la conquista del mundo

De manera paralela, el empeño fue la tecnificación, mediante el uso de maquinaria especializada para la producción y empacado. La bolsa plástica artesanal, entonces, dio paso a empaques de aluminio. De esta manera paulatinamente la marca comenzó a ganar espacio en los grandes almacenes de cadena en la ciudad de Cali, para luego extenderse por la región del Valle del Cauca, Eje cafetero, Bogotá y el resto del país.

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El sistema de producción, sin embargo, no fue lo único que fue cambiando. Con actitud visionaria e innovadora, los hermanos Llano comenzaron a proponer nuevas experiencias a sus consumidores.

Al maní, por ejemplo, después le agregaron ajonjolí. Y luego crearon una combinación de posibilidades entre frutas y frutos secos, que se hizo única. Ahí está, para no ir tan lejos, el mix ‘Verano’ una mezcla de maní, chile limón, maíz, habas y almendras. Aunque también abrieron fronteras con pistachos, macadamia, marañón, almendras, arándanos y blueberries, incorporando distintas texturas al paladar, que fue una apuesta que hacía parte del mercado doméstico en la que fueron pioneros.

El camino, por supuesto no ha sido fácil, al contrario. Más bien  ha sido una historia llena de retos que, en la necesidad de superarlos, se han convertido en consecutivos trampolines para alcanzar otras alturas buscando satisfacer las necesidades y expectativas de los consumidores, pues la promesa de valor ha sido siempre ofrecerles alimentos nutritivos y de calidad, ajustados a sus estilos de vida.

Cuatro décadas después el impulso de estos dos adolescentes se ha extendido a países como Panamá, Ecuador, Cuba, República Dominicana, Bolivia, Perú, Curazao, Paraguay, El Salvador y Guatemala, entre otros, destinos a los que viaja su amplio portafolio de productos desde su moderna planta en Yumbo, la cual genera 450 empleos directos, un valioso aporte al bienestar regional.

De este modo, Manitoba ha sabido fortalecer los lazos con la región y el país. Una conexión de afecto y fidelidad que ha construido a lo largo de estos años una historia tan particular, que tiene el poder de transmitir en cada bocado una experiencia inspiradora: las grandes ideas surgen de pequeñas cosas.