Por la Feria de Cali desfila la caleñidad

Por la Feria de Cali desfila la caleñidad

Jul 01, 2019 / 40 segs

Por: Redacción Q'hubo

Si existe una marca que refleje la caleñidad ante el mundo, esa es la Feria de Cali. La fiesta máxima, la gran celebración de vida, el recordatorio multidimensional de las tradiciones, colores, sabores y sonidos que pertenecen y a los que pertenecen, quienes nacieron en esa ciudad a la que llaman de forma tan divina: ‘la sucursal del cielo’.

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Desde sus mismos orígenes, la Feria es reflejo fiel del espíritu de la capital del Valle y de su gente, pues fue ‘parida’ en un acto de resiliencia: inaugurada el 28 de diciembre de 1956, nació poco más de un año después de que la ciudad padeciera la mayor tragedia de su historia, cuando el 7 de agosto de 1956 un convoy militar cargado de dinamita estalló en inmediaciones de la antigua Estación del ferrocarril, sobre la calle 25, dejando una dolorosa cicatriz marcada por la muerte de al menos cuatro mil caleños.

Entonces fue de ese dolor, y de esa urgencia de reconstrucción, que surgió la necesidad de organizar un evento que congregara a Cali alrededor de la continuidad de la vida. Poco a poco en torno a ese propósito, se fueron uniendo líderes cívicos, políticos, músicos, entusiastas, y fue de esa manera como tomó forma el festejo que terminó siendo un poderoso antídoto contra la pena que agobiaba a la gente. Poco a poco, también, la Feria igualmente se fue transformando en un dinamizador cultural, social y económico.

Una pieza fundamental de esa transformación ocurrió hace 28 años, cuando se articuló la creación de la Corporación de Eventos Ferias y Espectáculos de Cali, Corfecali, como la entidad encargada de pensar, organizar y producir ese gran festejo. Una decisión determinante para que el certamen sea mucho más, muchísimo más que un festejo, y se afiance como la mayor movilización de la ciudad en torno a sus raíces más íntimas. La Feria es una marca de Cali que rebasa fronteras. Una marca que nos hace latir el corazón. Y no solo de forma poética: tan sólo en 2018, el desarrollo del certamen generó más de $411.000 mil millones a la economía local.

Para quienes no lo recuerden, se trata de un milagro de seis días de duración, que se extiende entre el 25 y el 30 de diciembre de cada año. Una semana de festejo que gracias al trabajo de Corfecali, dedicado todo el año a la planeación en detalle, es cada vez más incluyente. En la actualidad, la Feria llega a las 22 comunas y 15 corregimientos que conforman la ciudad, en concordancia al desarrollo de la urbe.

Con ese empeño por la inclusión y por buscar la fiel representación del alma caleña, fue que hace doce años surgió el Salsódromo, ese desfile monumental de la esencia vibrante de la ciudad, que a lo largo de 1.500 metros sacude corazones a punta de la música, el baile y sus intérpretes más legítimos: las escuelas de salsa. Y junto al Salsódromo, el Desfile de Carnaval de Cali Viejo, con sus estampas y recordatorios. Y asimismo, el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas, el Desfile de Autos Clásicos y Antiguos, la Feria Artesanal del Emprendimiento y otros 58 eventos para el goce, la integración, y la interacción cultural. Ahí están la Calle de la Feria, con conciertos para todos los públicos; el Grand Prix, que reafirma el liderazgo deportivo de la ciudad; o el Festival de Mascotas.

Gracias a su organización milimétrica, la Feria también es un dinamizador de los sectores turístico, gastronómico y de servicios. El año pasado el certamen generó más de catorce mil puestos de trabajo, de acuerdo con los registros de Corfecali. Un estudio de la Universidad Javeriana calcula que al evento llegaron visitantes de 22 departamentos de Colombia y de 37 países.

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Así pues, a lo largo de la historia la Feria de Cali ha sido una puesta en escena de todas las manifestaciones vitales de la ciudad, pero sobre todo, de su capacidad para reponerse a las adversidades. Ha sido el puro reflejo de su corazón.