Así terminó la diligencia de indagatoria de Álvaro Uribe Vélez

Así terminó la diligencia de indagatoria de Álvaro Uribe Vélez

Oct 08, 2019 / 50 seg

Por: Redacción Q'hubo

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Sin mayores novedades finalizó la diligencia de indagatoria del senador Álvaro Uribe Vélez ante la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, que lo investiga por ser el presunto responsable de fraude procesal y soborno a testigos. Su comparecencia ante el alto tribunal se dio luego de que los magistrados escucharon a unos 40 testigos, entre quienes se cuentan abogados, exfuncionarios condenados y exjefes paramilitares.

El jefe del Centro Democrático llegó a las 7:42 de la mañana. Su caravana, compuesta por siete camionetas, se ubicó sobre la calle 12, es decir, al costado norte del Palacio de Justicia. El senador se escabulló entre una nube de periodistas, camarógrafos y fotógrafos que buscaron sus declaraciones, pero por aquella decisión de la Corte, en la que le advertía a todas las partes de este proceso no dar declaraciones a la prensa, Uribe solo se limitó a pedir espacio para ingresar al edificio.

A pesar de ser un trayecto tan corto, el senador llegó a la puerta casi minuto y medio después, custodiado no solo por sus guardaespaldas, sino por uno de sus más fieles escuderos: el penalista Jaime Granados, quien lo acompañó a la diligencia junto con David Espinosa, el segundo a bordo de la bancada de la defensa.

Uribe Vélez ingresó en medio de la rechifla y de los vivas de contradictores y seguidores, quienes desde muy temprano estaban apostados a las afueras del Palacio de Justicia. Los primeros, por lo menos en este punto, triplicaban en número a los segundos. 

 

LA EXTRAÑA MONJA

A los apoyos que varios senadores y embajadores de Colombia le expresaron a Uribe Vélez se unieron los de las cabezas del Gobierno: Iván Duque y Marta Lucía Ramírez. El presidente, reiterando lo que ya había expresado en Miami hace unos diez días, insistió que “he tenido la ocasión de conocer a Álvaro Uribe Vélez y tengo claro que es una persona que ha entregado su vida a servirle a Colombia”.

La segunda del Gobierno, a su turno, recordó que durante el primer mandato de Uribe Vélez (2002 – 2006), en un extraño mensaje manifestó que el hoy senador “Debe tener todas las garantías” y acto seguido recalcó lo que según ella considera “su compromiso con el estado de derecho, su trabajo infinito al servicio de Colombia y su conducta veraz”.

Este cruce de declaraciones iba y venía al igual que las arengas en el Palacio. Los de un bando y otro se lanzaban improperios mutuamente. Los gritos de siempre. Los insultos de todas las manifestaciones. La repetición de un lado y del otro. Sin mayores novedades. La polarización de todos los días.

Los antiuribistas ondeando banderas rojas y naranjas. ‘No más Uribe’ decía el cartel más tímido. Los uribistas, al otro lado de la calle, mostraban cartelitos con ‘Uribe es Colombia’. De un lado músicos y gente con la cara pintada simulando calaveras; del otro, una mujer que dijo ser monja y quien, megáfono en mano, exigía justicia.

Dijo que era misionera carmelita y que su nombre era Adriana Torres. Hermana Adriana Torres, para que no hubiera duda. Vestía hábito y lucía una camándula que cambiaba de mano. Añadió que estaba en la marcha, porque hace ocho meses fue golpeada y posteriormente desplazada de la comuna 13 de Medellín, hecho que, según ella, puso en conocimiento de la Fiscalía.

“Fueron los terroristas de las comunas donde yo trabajo. No sé quién fue. Me iban a matar y me robaron los celulares. Por eso estoy acá, en representación de esas mujeres que fueron desplazadas”, dijo la mujer, quien agregó que no tuvo permiso de ninguna superiora para asistir al plantón.

Producto de la violencia que dijo haber padecido la sor, sostuvo que andaba con “escoltas día y noche”. No obstante, durante las casi tres horas que estuvo en el lugar no se le vio guardaespalda alguno. A los demás periodistas que les entregó declaraciones su versión cambiaba y, de hecho, a uno de ellos, no supo decirle qué convento era su hogar.