La integración en la ciudad de puertas abiertas


Cali es por excelencia una ciudad inclusiva y multicultural. De hecho, año tras año, miles de personas procedentes de Venezuela viajan a la Sucursal del Cielo para mejorar su calidad de vida, pues ya son 117.807 migrantes venezolanos en Cali y Yumbo, según la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane.

De acuerdo con Holbein Giraldo Paredes, filósofo y docente de la Universidad del Valle, la capital del Valle es, históricamente, una ciudad de puertas abiertas. “Cali ha recibido muchas oleadas migratorias a lo largo del siglo XX, especialmente de población desplazada por la violencia, por lo tanto, el crecimiento y desarrollo de la ciudad es producto de la migración. Es una sociedad multicultural donde conviven población de todas las regiones del país”, destaca el filósofo. 

Por eso, la integración entre personas migrantes y comunidad caleña es necesaria para crear una mejor sociedad. Saryth Valencia, directora del programa de Psicología de la Universidad Icesi, explica la importancia del contexto detrás de la migración, pues cuando no es voluntaria, surge un proceso de desarraigo en quienes lo viven.

“Imagínese lo siguiente: una persona obligada a dejar atrás su casa, su familia, su trabajo, su vida tal como la había construido hasta ese momento, es recibida en otro lugar que le brinda un qué hacer, una ocupación que le permiten devengar un dinero para sus necesidades, un lugar donde llegar a dormir tranquilamente todas las noches, una ruta de atención en salud para recuperar su bienestar, una educación para sí misma y su familia si viaja con ella”, explica Valencia, quien también reconoce que la integración en las diferentes espacios de la sociedad es la clave para activar factores de protección en su salud mental. 

La profesional también destaca que esa integración social y económica permite fortalecer el tejido humano, a través de un escenario donde ambos actores se sienten valiosos. “La población migrante siente que puede aportar y participar desde el lugar que ocupan y la ciudad de acogida se dinamiza por esta relación de aporte a sus necesidades. Desde esta relación de reconocimiento del otro, las personas migrantes y población de acogida inician para sí mismas nuevos proyectos de vida desde lo único que pudieron traer consigo en esta migración forzosa: su identidad”. 

Además, repensar escenarios sociales que vinculen proyectos interdisciplinarios es una gran oportunidad para convivir en medio de diferentes culturas. 

“Por ejemplo, así como tenemos mercados móviles y galerías donde comprar nuestros productos de la canasta básica, podríamos tener un lugar para que la población migrante y de acogida nos ofrezca sus productos y para ello habrá que generar toda una cadena de logística que transporte los productos desde el lugar de origen hasta el de acogida, se genera empleo, se dinamiza la economía, nos educamos en su cultura alimenticia y podemos crear nuevas recetas usando un poco de sus productos con los de ellos”, propone la psicóloga Valencia. 

De esta manera, la fusión entre migrantes y personas locales trae bienestar social y calidad de vida. “La integración entre personas que nos parecemos mucho, poco o nada a partir del deseo de pertenecer, de participar y de contribuir a una sociedad dinámica, humana y próspera fomenta un optimismo real y de que las posibilidades de crecer están disponibles para todos. Este bienestar conlleva a estados de ánimo que permiten la escucha, el diálogo, la negociación y la toma de decisiones saludables solo por mencionar algunos aspectos”, destaca la profesional.

Y agrega: “Crecer juntos en calidad de vida, tanto ellos como nosotros, nos muestra un camino de desarrollo humano diverso, equitativo, solidario, plural que nutre las posibilidades de un mejor porvenir”. 

Así, población migrante y caleños podrán crear, juntos, una sociedad más justa y equitativa para todos. 

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