“Nos propusieron una orgía”


La zozobra de estar lejos de su casa y el valor de salir a calles desconocidas a trabajar decentemente, son los retos de cuatro hermanas venezolanas que tienen que asumirlo a diario en nuestra ciudad.


Soportando insinuaciones y abusos verbales.Una madre no se detiene ante nada para ver a su hijo bien, y eso mismo pensaron Joselin y sus tres hermanas, al iniciar la travesía desde su natal estado de Aragua en el país vecino.

1.243kilómetros recorrieron para poder llegar hace un par de meses hasta ‘La Sucursal del Cielo’.


Después de llegar a Cali, estas cuatro hermanas con sus respectivos esposos -dos de ellas con hijos- lo primero que buscaron fue una forma de generar recursos económicos. Sin embargo son conscientes que la situación para sus coterráneos es complicada.

“Los empleadores quieren pagarle a uno la cuarta parte de lo que gana a un colombiano, solo para aprovecharse de la necesidad que tenemos, para después salir a decir que le están quitando el empleo a la gente de acá”, comentó una de las hermanas.

¡Acosos!

Joselin cuenta que tuvo que llegar a Cali con su esposo e hijo por necesidad.

“Mi marido trabaja en soldadura y yo al principio laboré en un almacén vendiendo jugos de naranja, pero no soporto que nos humillen. Por eso mejor decidimos venirnos acá debajo del Puente de los Mil Días, a vender caramelos a los carros, pero aquí sí nos hemos sentido acosadas”, dijo Joselin refiriéndose a una de tantas ocasiones que se sintió vulnerable, ya que ser mujer y trabajar en la calle no es fácil, y mucho menos cuando la comunidad antepone prejuicios misóginos.

Estas tres hermanas venezolanas trabajan vendiendo dulces bajo varios puentes de la ciudad.

“Un señor paró en el carro y nos dijo que quería una orgía con nosotras, por ser hermanas, que nos daba $50.000 a cada una. Yo le dije que no hacía eso, que pa’ eso me hubiera quedado en Venezuela”, dijo una de las hermanas.

Por otro lado, estas mujeres denuncian constante acoso sexual.


“Me llamaron desde un carro y cuando fui el tipo tenía el cierre abajo y me hacía señas con la lengua. Hay gente morbosa que piensa que la mujeres son objetos sexuales, y más con el estigma de que las venezolanas vienen solo a prostituirse, yo trabajo por mi familia decentemente, explicó Joselin.

No olvideLa mujer le contó a Q’hubo que con una inversión de $5.000 en una caja de caramelos, puede duplicar lo invertido.

“Un día bueno vendiendo mentas puedo ganar hasta $35.000, pero de 7 a.m., a 6:00 p.m.”, dijo Joselin de solo 22 años, que ya responde por un hogar y comparte un pequeño apartamento con otras seis personas más de su nacionalidad, buscando cada día un mejor porvenir para sus familias y ante todo el respeto.

Y aunque las caleñas son como las flores, no hay que olvidar que las mujeres sin importar de dónde vienen, son la alegría de la vida y de los hombres, y por eso hay que tratarlas con respeto.

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