Viviendo con 27 perros y 15 gatos


En una humilde casa, en el barrio Petecuy III, existe ‘un pedacito del cielo’. Este lugar es la casa de Luz Mónica Ocampo, una mujer que recoge perros y gatos de la calle para buscarles un hogar.


Su morada es un segundo y tercer piso no más de 60 metros cuadrados donde convive con su cuñada, su sobrina, 27 perros y 15 gatos. “Si cabemos 26 caben 27”, es la frase que le dijo su esposo hace algunos años, cuando el corazón de Mónica se desmoronó en la madrugada de un sábado en el año 2015, cuando una vecina le tocó la puerta para decirle que había un perro tirado en medio de la vía.

No olvideEsta apasionada animalista lleva 12 años en esta dura labor, donde el inconveniente más grande ha sido siempre poder alimentar a su ‘hijos’.

“Al perro lo había cogido una moto y lo dejaron a la deriva. Su cuerpo parecía un trapo retorcido, pero yo no lo dejé morir”, dijo la animalista.

 

Mónica, desesperada, encontró a una veterinaria que auxilió al cachorro, pero el diagnóstico no era alentador.
“Al perro le pusimos ‘Mateo’ y le diagnosticaron parálisis en las patas traseras, lo único que recomendaba el médico era la eutanasia. Al verlo a los ojos supe que no lo podía hacer y me lo llevé”, comento Mónica. El cachorro alcanzó a vivir dos años más con una vida limitada pero feliz.

Todo por ellos

Luz ha dejado todo por seguir su vocación. Su matrimonio de 20 años se acabó porque según dice ella, esta labor fue a la que Dios la encaminó.
“Yo tuve una infancia muy dura y me refugié en la iglesias, pero en un momento de mi vida le pedí tanto al Señor que me mostrara el camino. Un día cualquiera empecé a ayudar a los animales y cuando me dí cuenta tenía 26 perros, Mi hogar se acabó, pero es la labor que Dios me encomendó”.
Esta mujer sobrevive con su familia y sus 27 perros con los postres que hace y vende en el Parque del Perro. Alimentarlos es muy costoso.
“Ellos se comen 30 kilos en una semana, y su dieta se la varío con un caldo de menudencias. En ocasiones no tengo cómo darles de comer y les toca aguantar con un ‘golpe’ de comida en el día, y me duele cuando eso pasa”, dijo Mónica.
Ella sueña con tener un lugar propio dónde poder vivir tranquilamente, y seguir con esta labor que Dios le encomendó.

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